Voz: Cte. Fidel Castro Ruz.
domingo, 3 de junio de 2012
martes, 29 de mayo de 2012
De milímetro en milímetro
La
naturaleza tiene sus ciclos naturales: nacer, crecer, morir, renacer; esta
parece ser la lógica en la que estamos incluidos.
Inmerso en
el curso natural de las cosas, tengo mis ciclos, de entre los cuales destaco
como el más importante: el espiritual.
En mi progreso
espiritual el primer paso ha sido, y es,
la aceptación de la realidad y sus condiciones. Esto me lleva, invariablemente,
a un nuevo despertar cada vez.
Es a partir
de aquí que desenvuelvo conciencia, responsabilidad y disciplina, en la búsqueda
del buen uso de mi libre albedrio.
Trabajando
en mí me reafirmo en los buenos propósitos que me hacen ser un mejor ser
humano, teniendo en cuenta que en los caminos de la espiritualización el
progreso se mide en milímetros.
Pável.
miércoles, 23 de mayo de 2012
Lo que de la vida no es descriptible...
Me acuerdo de aquel día. El profesor me desafío a describir el sabor que tienen las naranjas.
Era día de prueba escrita y aquel desafío valdría como evaluación final.
Por un buen rato me quede paralizado, sin poder registrar nada en el papel.
Todo lo que sabía sobre el gusto de las naranjas no podía ser traducido para el universo de las palabras.
Era un sabor sin saber, como si lo perfecto del gusto no perteneciese al tortuoso discurso de la epistemología y sus definiciones tan exactas.
Delante de la página en blanco visitaba mis recuerdos felices, cuando en la más tierna infancia veía a mi padre llegar en su bicicleta, trayendo una inmensa bolsa de naranjas. La escena era tan concreta dentro de mí, que podía sentir la felicidad y su olor cítrico de color anaranjado.
La vida feliz, pequeña parte de un tiempo inmenso…
No lo dudé. En la inmensa hoja en blanco registre una única frase:
"Sobre el sabor nada se decir. Solo se sentir!"
Nunca más pude olvidar aquel día. La experiencia fue reveladora.
A mi me gustan las naranjas, pero hasta hoy soy incapaz de poder describirles el gusto. Lo que experimento pertenece al orden de las cosas intangibles. Metafísica de los sabores? Puede ser…
Lo interesante es que, para mí, la naranja se desdobla en inúmeras realidades. De vez en cuando, me encuentro delante de la vida sufriendo la misma angustia de aquel día frente a la hoja de papel. Que puedo decir de lo que siento? Cual es la palabra que puede alcanzar, de manera eficaz, la naturaleza metafísica de mis afectos? …
No se.
Prefiero permanecer en el silencio de la contemplación. Lo que siento es sagrado, así como también está revestido de sacralidad el sabor que experimento.
Sabores y saberes son rimas preciosas, pero no son realidades que sobreviven a la superficie…
Muchos sufrimientos nascen y son alimentados a partir de preguntas idiotas.
Quiero aprender a preguntar menos…
Quiero descubrir la gracia de sonreír delante de todo lo que aun no se.
Quiero que la matriz de mis alegrías sea lo que de la vida no se describir…
Padre Fábio de Melo.
Era día de prueba escrita y aquel desafío valdría como evaluación final.
Por un buen rato me quede paralizado, sin poder registrar nada en el papel.
Todo lo que sabía sobre el gusto de las naranjas no podía ser traducido para el universo de las palabras.
Era un sabor sin saber, como si lo perfecto del gusto no perteneciese al tortuoso discurso de la epistemología y sus definiciones tan exactas.
Delante de la página en blanco visitaba mis recuerdos felices, cuando en la más tierna infancia veía a mi padre llegar en su bicicleta, trayendo una inmensa bolsa de naranjas. La escena era tan concreta dentro de mí, que podía sentir la felicidad y su olor cítrico de color anaranjado.
La vida feliz, pequeña parte de un tiempo inmenso…
No lo dudé. En la inmensa hoja en blanco registre una única frase:
"Sobre el sabor nada se decir. Solo se sentir!"
Nunca más pude olvidar aquel día. La experiencia fue reveladora.
A mi me gustan las naranjas, pero hasta hoy soy incapaz de poder describirles el gusto. Lo que experimento pertenece al orden de las cosas intangibles. Metafísica de los sabores? Puede ser…
Lo interesante es que, para mí, la naranja se desdobla en inúmeras realidades. De vez en cuando, me encuentro delante de la vida sufriendo la misma angustia de aquel día frente a la hoja de papel. Que puedo decir de lo que siento? Cual es la palabra que puede alcanzar, de manera eficaz, la naturaleza metafísica de mis afectos? …
No se.
Prefiero permanecer en el silencio de la contemplación. Lo que siento es sagrado, así como también está revestido de sacralidad el sabor que experimento.
Sabores y saberes son rimas preciosas, pero no son realidades que sobreviven a la superficie…
Muchos sufrimientos nascen y son alimentados a partir de preguntas idiotas.
Quiero aprender a preguntar menos…
Quiero descubrir la gracia de sonreír delante de todo lo que aun no se.
Quiero que la matriz de mis alegrías sea lo que de la vida no se describir…
Padre Fábio de Melo.
viernes, 18 de mayo de 2012
Experiencia y crecimiento
Hay alturas de la vida que parecen marcadas por fuertes lecciones de aprendizaje y otras que se parecen mas a un recreo. Debo reconocer que prefiero las vacaciones, pero de nada serviría la vida sin sus clases.
Tengo la sensación de que no hay momentos malos y/o buenos.
Tengo la sensación de que una evaluación correcta de la vida no incluye culpas ni arrepentimientos.
Me parece más aprovechable preguntarme si hoy fui capas de amar, de perdonar, de aprender alguna cosa nueva, de haber desinflado un poco mi ego, de haberme liberado de alguno de mis apegos… Y si ninguna de estas preguntas tiene una respuesta positiva? Bueno, no importa, mañana será otro día…
Después de todo el sufrimiento es apenas una ilusión autoimpuesta y el miedo al fracaso esconde por detrás una búsqueda de aprobación absolutamente innecesaria. De ambas cosas puedo perfectamente prescindir.
Es que, ser feliz es mas bien una cuestión de elección que de circunstancias.
Ay, ay! Que simple que son las cosas y que complicado que soy.
Pero bueno, que seria de mi si fuera perfecto? Seguramente no seria yo. Nada de nuevo habría bajo este cielo, ni de la tierra que piso brotarían experiencias que me ayudaran a crecer.
Pável.
Tengo la sensación de que no hay momentos malos y/o buenos.
Tengo la sensación de que una evaluación correcta de la vida no incluye culpas ni arrepentimientos.
Me parece más aprovechable preguntarme si hoy fui capas de amar, de perdonar, de aprender alguna cosa nueva, de haber desinflado un poco mi ego, de haberme liberado de alguno de mis apegos… Y si ninguna de estas preguntas tiene una respuesta positiva? Bueno, no importa, mañana será otro día…
Después de todo el sufrimiento es apenas una ilusión autoimpuesta y el miedo al fracaso esconde por detrás una búsqueda de aprobación absolutamente innecesaria. De ambas cosas puedo perfectamente prescindir.
Es que, ser feliz es mas bien una cuestión de elección que de circunstancias.
Ay, ay! Que simple que son las cosas y que complicado que soy.
Pero bueno, que seria de mi si fuera perfecto? Seguramente no seria yo. Nada de nuevo habría bajo este cielo, ni de la tierra que piso brotarían experiencias que me ayudaran a crecer.
Pável.
Harmonía y equilibrio, sinónimo de qué?
Cuando le preguntamos a alguien que genero de imágenes le vienen a la mente relacionados con harmonía y equilibrio, casi generalmente hace referencia a ideas de calma, de cierta quietud…
Ahora bien, les cuento que soy un poco maniático del orden. Aunque sin exageraciones, me gusta ver las cosas en su lugar. El orden es algo así como un factor externo a mí que me da un cierto orden interno. Muchas veces justifico esta idea con un pensamiento que me fue transmitido a cierta altura de mi vida y que tenia que ver con que un armario bien ordenado hace trasparecer un estado de espíritu en equilibrio.
Tambien sin caer en exageraciones, mi compañera y esposa es un poco la antítesis de este aspecto de mi personalidad.
Generalmente, yo uso y guardo, inmediatamente, las cosas en su lugar . Ella, generalmente, las saca del lugar y las deja en el último lugar donde las uso.
Generalmente, yo comienzo con algo y hasta que no lo termino no lo dejo. Ella, generalmente, deja para terminar, quien sabe para cuando, algo que comenzó.
Sin embargo debo reconocer que la calidez de un hogar, generalmente, esta relacionado con cierto grado de desorden. Es que, parece ser, que donde hay vida no hay mucho de aquello de todo ordenadito y en su lugar.
Hay casas en que parece que no vive nadie allí, tal vez porque, apenas sea, y tan solo sea, un lugar donde vive gente.
Lo que quiero decir con esto es que la harmonía que reina en un hogar poco y nada puede tener que ver con el orden y la calma. De igual manera, la harmonía que existe entre dos personas raramente esta determinada por el hecho de que estas sean muy parecidas en carácter y personalidad. En estos casos, el aparente equilibrio puede esconder profundas desarmonías.
Es que , harmonía y equilibrio tal vez no tengan nada que ver con aquel estado de quietud, calma y orden aparente que esta en nuestro imaginario, tal vez tenga más relación con la dinámica de los elementos inherentes a la Naturaleza, que todos reconocemos funcionan en harmonía, no obstante encontrarse en constante movimiento y cambio, y en la que, sin duda, nos encontramos inmersos.
Para terminar, solo un detalle más; mi compañera consigue atender las prioridades mucho mejor que yo... mientras yo pierdo el tiempo queriendo mantener el orden.
Pável.
Ahora bien, les cuento que soy un poco maniático del orden. Aunque sin exageraciones, me gusta ver las cosas en su lugar. El orden es algo así como un factor externo a mí que me da un cierto orden interno. Muchas veces justifico esta idea con un pensamiento que me fue transmitido a cierta altura de mi vida y que tenia que ver con que un armario bien ordenado hace trasparecer un estado de espíritu en equilibrio.
Tambien sin caer en exageraciones, mi compañera y esposa es un poco la antítesis de este aspecto de mi personalidad.
Generalmente, yo uso y guardo, inmediatamente, las cosas en su lugar . Ella, generalmente, las saca del lugar y las deja en el último lugar donde las uso.
Generalmente, yo comienzo con algo y hasta que no lo termino no lo dejo. Ella, generalmente, deja para terminar, quien sabe para cuando, algo que comenzó.
Sin embargo debo reconocer que la calidez de un hogar, generalmente, esta relacionado con cierto grado de desorden. Es que, parece ser, que donde hay vida no hay mucho de aquello de todo ordenadito y en su lugar.
Hay casas en que parece que no vive nadie allí, tal vez porque, apenas sea, y tan solo sea, un lugar donde vive gente.
Lo que quiero decir con esto es que la harmonía que reina en un hogar poco y nada puede tener que ver con el orden y la calma. De igual manera, la harmonía que existe entre dos personas raramente esta determinada por el hecho de que estas sean muy parecidas en carácter y personalidad. En estos casos, el aparente equilibrio puede esconder profundas desarmonías.
Es que , harmonía y equilibrio tal vez no tengan nada que ver con aquel estado de quietud, calma y orden aparente que esta en nuestro imaginario, tal vez tenga más relación con la dinámica de los elementos inherentes a la Naturaleza, que todos reconocemos funcionan en harmonía, no obstante encontrarse en constante movimiento y cambio, y en la que, sin duda, nos encontramos inmersos.
Para terminar, solo un detalle más; mi compañera consigue atender las prioridades mucho mejor que yo... mientras yo pierdo el tiempo queriendo mantener el orden.
Pável.
miércoles, 16 de mayo de 2012
La fe, ¿qué fe?
¿Qué es la fe sino ese consuelo que te permite pisar la tierra, como suelo sagrado, y dar un paso hacia tu hermano?
Hablo de fe, no de creencias. Hablo de fe, no de religiones.
Cuando digo “fe”, digo esa llamita que chispea sin cesar en todos los corazones, también en el tuyo, aunque a veces la sientas apagada.
Es el mismo fuego que arde en el corazón de la Tierra y de las estrellas, de los átomos y de las galaxias.
Es la llama de la Vida. Y la llama de la Vida es el Corazón del Universo, y late en cada una de tus células y neuronas.
Eso es la fe, y no tiene que ver con religiones ni creencias, sino con el latido libre y universal de la Vida.
Esa fue la fe de Jesús, más allá de sus creencias.
A esa Vida poderosa y tierna llamaba él de “Dios” y la invocaba tiernamente como “abbá”. Por esa Vida se sentía feliz y libre, y por su causa arriesgó la vida.
(…)
Seas o no creyente, cuida la fe: esa llama profunda y secreta, pues de ella depende el brillo de tu sonrisa y el futuro de la Tierra.
Cuida el corazón de tu vida, el corazón de la Vida. No dejes de palpitar y de sentir. No dejes de respirar, de sentirte libre y de tender la mano a la Vida que, muy cerca de ti, reclama cuidado.
¿Y las creencias? Están bien si te hacen más bueno y feliz. Están bien, si no te aferras demasiado a ellas. Si te aferras demasiado a ellas, acabarán impidiéndote ser más bueno y feliz.
José Arregi Olaizola.
(Teólogo)
Hablo de fe, no de creencias. Hablo de fe, no de religiones.
Cuando digo “fe”, digo esa llamita que chispea sin cesar en todos los corazones, también en el tuyo, aunque a veces la sientas apagada.
Es el mismo fuego que arde en el corazón de la Tierra y de las estrellas, de los átomos y de las galaxias.
Es la llama de la Vida. Y la llama de la Vida es el Corazón del Universo, y late en cada una de tus células y neuronas.
Eso es la fe, y no tiene que ver con religiones ni creencias, sino con el latido libre y universal de la Vida.
Esa fue la fe de Jesús, más allá de sus creencias.
A esa Vida poderosa y tierna llamaba él de “Dios” y la invocaba tiernamente como “abbá”. Por esa Vida se sentía feliz y libre, y por su causa arriesgó la vida.
(…)
Seas o no creyente, cuida la fe: esa llama profunda y secreta, pues de ella depende el brillo de tu sonrisa y el futuro de la Tierra.
Cuida el corazón de tu vida, el corazón de la Vida. No dejes de palpitar y de sentir. No dejes de respirar, de sentirte libre y de tender la mano a la Vida que, muy cerca de ti, reclama cuidado.
¿Y las creencias? Están bien si te hacen más bueno y feliz. Están bien, si no te aferras demasiado a ellas. Si te aferras demasiado a ellas, acabarán impidiéndote ser más bueno y feliz.
José Arregi Olaizola.
(Teólogo)
domingo, 13 de mayo de 2012
sábado, 5 de mayo de 2012
Clase de Derecho
Lo primero que hizo el profesor cuando entro en la clase fue preguntarle a un alumno que estaba sentado en la primera fila su nombre.
- Me llamo Luis, profesor.
Lo segundo que hizo fue gritarle a Luis que saliera del salón inmediatamente.
El alumno lo miró con incredulidad y quiso protestar pero el profesor no le dio oportunidad.
- Cierras la puerta al salir. No te quiero ver aquí! - gritó con autoridad.
Temblando de nervios, de rabia o qué se yo, Luis tomó sus cosas y salió sin decir una palabra.
Todos nos quedamos asombrados y en completo silencio.
Mientras el profesor sacaba un libro de su maletín yo lo miraba y pensaba que era un completo idiota y que seguramente nos haría la vida imposible durante todo el semestre. Que tipo más insoportable!
Finalmente tomó asiento y preguntó:
- Qué materia vengo a dar?
Que ridículo. Ni siquiera sabía a qué venía!
Todos, al mismo tiempo sacamos nuestro horario para verificar y dijimos al unísono:
- Introducción al Derecho!
- Muy bien. Alguien tiene idea de qué se va a tratar en esta clase?
Algunos, los que querían impresionarlo levantaron la mano.
El profesor señaló a uno de ellos quien de inmediato dijo que se trataría del estudio de las leyes.
- Muy bien. Alguien sabe para qué sirven las leyes?
Varias respuestas obtuvo la pregunta.
- Para tener una sociedad organizada.
- No!
- Para que todos estemos obligados a cumplirlas.
- No!
- Para saber quienes son los criminales.
- Nooo!
Y así, uno por uno... hasta que alguien dijo la palabra mágica que el profesor buscaba...
- Para que haya justicia.
- Muy bien! Justicia! Qué es la justicia?
- La justicia es no permitir que se violen los derechos de los demás.
- Bien, qué más...
- La justicia sirve para regular las conductas de las personas.
- Qué más...
- La justicia es buscar que cada persona obtenga lo que se merece.
- Bien, muchachos. Bien. Ahora díganme... Ustedes creen que hice bien en dirigirme a vuestro compañero Luis de la manera en que lo hice y además expulsarlo de clase?
El silencio se instalo en la sala... Nos mirábamos unos a otros…
- Hice bien sí o no?!
- Noooo!
- Cometí una injusticia?
- Sí!
- Y por qué nadie dijo nada? De qué sirven los derechos constitucionales, las leyes y las normas si no tenemos el valor de aplicarlas? Todos estamos obligados a levantar la voz cuando vemos una injusticia. Ustedes, yo, todos... Nunca se queden callados! Que alguien vaya a buscar a Luis por favor…
Autor Desconocido.
- Me llamo Luis, profesor.
Lo segundo que hizo fue gritarle a Luis que saliera del salón inmediatamente.
El alumno lo miró con incredulidad y quiso protestar pero el profesor no le dio oportunidad.
- Cierras la puerta al salir. No te quiero ver aquí! - gritó con autoridad.
Temblando de nervios, de rabia o qué se yo, Luis tomó sus cosas y salió sin decir una palabra.
Todos nos quedamos asombrados y en completo silencio.
Mientras el profesor sacaba un libro de su maletín yo lo miraba y pensaba que era un completo idiota y que seguramente nos haría la vida imposible durante todo el semestre. Que tipo más insoportable!
Finalmente tomó asiento y preguntó:
- Qué materia vengo a dar?
Que ridículo. Ni siquiera sabía a qué venía!
Todos, al mismo tiempo sacamos nuestro horario para verificar y dijimos al unísono:
- Introducción al Derecho!
- Muy bien. Alguien tiene idea de qué se va a tratar en esta clase?
Algunos, los que querían impresionarlo levantaron la mano.
El profesor señaló a uno de ellos quien de inmediato dijo que se trataría del estudio de las leyes.
- Muy bien. Alguien sabe para qué sirven las leyes?
Varias respuestas obtuvo la pregunta.
- Para tener una sociedad organizada.
- No!
- Para que todos estemos obligados a cumplirlas.
- No!
- Para saber quienes son los criminales.
- Nooo!
Y así, uno por uno... hasta que alguien dijo la palabra mágica que el profesor buscaba...
- Para que haya justicia.
- Muy bien! Justicia! Qué es la justicia?
- La justicia es no permitir que se violen los derechos de los demás.
- Bien, qué más...
- La justicia sirve para regular las conductas de las personas.
- Qué más...
- La justicia es buscar que cada persona obtenga lo que se merece.
- Bien, muchachos. Bien. Ahora díganme... Ustedes creen que hice bien en dirigirme a vuestro compañero Luis de la manera en que lo hice y además expulsarlo de clase?
El silencio se instalo en la sala... Nos mirábamos unos a otros…
- Hice bien sí o no?!
- Noooo!
- Cometí una injusticia?
- Sí!
- Y por qué nadie dijo nada? De qué sirven los derechos constitucionales, las leyes y las normas si no tenemos el valor de aplicarlas? Todos estamos obligados a levantar la voz cuando vemos una injusticia. Ustedes, yo, todos... Nunca se queden callados! Que alguien vaya a buscar a Luis por favor…
Autor Desconocido.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Mi pasado
Pasado es algo que todos tenemos.
El mío acaba por ser una especie de libro de consulta.
Con sus errores y aciertos… en el están mis experiencias.
A partir de el construyo consciencia. Una consciencia que me forma, me conforma y me transforma.
Viviendo mi presente no siento que lo cargo, apenas lo llevo en mí.
En el no hay culpas y si responsabilidad de aprendizaje constante.
Cuando lo considero oportuno, con quien lo considero apropiado, lo abro y lo comparto.
Con claros y oscuros es mi pasado, mío.
Experiencias que abren la puerta para un presente mas vivo.
Pável.
lunes, 30 de abril de 2012
El Jesús que cura
Según San Marcos, la primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaúm. Es una escena sobrecogedora, narrada para que, desde el comienzo, los lectores descubran la fuerza curadora y liberadora de Jesús.
Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseña oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.
La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos a un Dios Bueno.
De pronto un hombre se pone a gritar:
-¿Has venido a acabar con nosotros?
Al escuchar el mensaje de Jesús, se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un "espíritu inmundo", hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañosas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios Bueno que él anuncia?
Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal, y grita:
-Cállate y sal de él!
Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.
El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu "lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió". Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.
No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten, no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curar liberando de un Dios opresor.
Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor a Dios, no hacia el sometimiento ciego a la ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento.
Jesús cura porque enseña a vivir sólo de la bondad, el perdón y el amor que no excluye a nadie. Sana porque libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.
Padre José Antonio Pagola.
Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseña oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.
La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos a un Dios Bueno.
De pronto un hombre se pone a gritar:
-¿Has venido a acabar con nosotros?
Al escuchar el mensaje de Jesús, se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un "espíritu inmundo", hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañosas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios Bueno que él anuncia?
Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal, y grita:
-Cállate y sal de él!
Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.
El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu "lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió". Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.
No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten, no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curar liberando de un Dios opresor.
Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor a Dios, no hacia el sometimiento ciego a la ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento.
Jesús cura porque enseña a vivir sólo de la bondad, el perdón y el amor que no excluye a nadie. Sana porque libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.
Padre José Antonio Pagola.
sábado, 28 de abril de 2012
Vida común
Mi vida esta hecha de caminos comunes. La calle que me lleva no fluctúa sobre atmosferas que no sean humanas. Veo el mundo en su crudeza cotidiana, donde Ana, María, Ofelia, José y Juan cruzan avenidas con gran movimiento…
La panadería de la esquina no está iluminada por milagres. No hay maná en el menú. Lo que hay es el trigo cotidiano, hambriento de hambres y pronto para el placer de la saciedad.
Yo miro despacio para cada cosa y descubro una vida miserable, pero sorprendente. El hombre de la garrapiñada no se cansa de creer en la dulzura que comercializa. Todos los días, a su modo, se esfuerza para disminuir lo amargo de la vida.
Al lado, bien al lado, el diariero espera por los lectores. Ofrece a lo longo del día la traducción curiosa de un mundo transmudado en palabra. Las revistas gritan los chusmerios que mañana serán olvidados, substituidos por otros, en cuanto los romances en ediciones populares resguardan la belleza de hombres y mujeres que se quedan como eterizados...
La parada del ómnibus está llena. Una mujer visiblemente abatida está deseosa de volver para casa. La bolsa de las compras es una metáfora de la vida. Presa a la punta de los dedos, la vida parece resguardada en los motivos de un papel pardo. Las compras de la mujer, la mujer de las compras, todo me hace creer que el camino común es el lugar de la poesía. El ómnibus llegará, pero la casa aun no. Antes tendrá que atravesar el proceso de pasar por otras casas que no son la suya. En cuanto eso, lo deseado, este alimento que nos lleva adelante, será alimentado en porciones menores.
Entro en mi edificio. Hay un hombre feliz por verme llegar.
- El señor andaba desaparecido! - me dice.
- Es verdad! - respondí.
Andar desaparecido es una cosa que no consigo resolver. Las distancias del mundo me separan de mi mundo, del hombre de la garapiñada, del diariero, del portero que me quiere bien…
El ascensor me eleva. Llego al destino de mi puerta. El deseo de entrar es inmenso. Recuerdo la mujer y su bolsa de mandados…
Pongo la llave en la cerradura. Hago el movimiento de abrir. Entro en mi casa. El silencio de mis cosas no corresponde a los gritos de mis causas. No estoy solo. El mundo está dentro de mí.
Padre Fábio de Melo.
La panadería de la esquina no está iluminada por milagres. No hay maná en el menú. Lo que hay es el trigo cotidiano, hambriento de hambres y pronto para el placer de la saciedad.
Yo miro despacio para cada cosa y descubro una vida miserable, pero sorprendente. El hombre de la garrapiñada no se cansa de creer en la dulzura que comercializa. Todos los días, a su modo, se esfuerza para disminuir lo amargo de la vida.
Al lado, bien al lado, el diariero espera por los lectores. Ofrece a lo longo del día la traducción curiosa de un mundo transmudado en palabra. Las revistas gritan los chusmerios que mañana serán olvidados, substituidos por otros, en cuanto los romances en ediciones populares resguardan la belleza de hombres y mujeres que se quedan como eterizados...
La parada del ómnibus está llena. Una mujer visiblemente abatida está deseosa de volver para casa. La bolsa de las compras es una metáfora de la vida. Presa a la punta de los dedos, la vida parece resguardada en los motivos de un papel pardo. Las compras de la mujer, la mujer de las compras, todo me hace creer que el camino común es el lugar de la poesía. El ómnibus llegará, pero la casa aun no. Antes tendrá que atravesar el proceso de pasar por otras casas que no son la suya. En cuanto eso, lo deseado, este alimento que nos lleva adelante, será alimentado en porciones menores.
Entro en mi edificio. Hay un hombre feliz por verme llegar.
- El señor andaba desaparecido! - me dice.
- Es verdad! - respondí.
Andar desaparecido es una cosa que no consigo resolver. Las distancias del mundo me separan de mi mundo, del hombre de la garapiñada, del diariero, del portero que me quiere bien…
El ascensor me eleva. Llego al destino de mi puerta. El deseo de entrar es inmenso. Recuerdo la mujer y su bolsa de mandados…
Pongo la llave en la cerradura. Hago el movimiento de abrir. Entro en mi casa. El silencio de mis cosas no corresponde a los gritos de mis causas. No estoy solo. El mundo está dentro de mí.
Padre Fábio de Melo.
jueves, 19 de abril de 2012
Las mariposas del vecino
Mientras nos ocupamos del jardín del vecino y envidiamos las mariposas que hay en el, seguramente no estamos atentos al nuestro.
Más valdría dar atención y cuidado a nuestro jardín... transformando nuestro espacio, lo que es decir, nuestra vida.
Construyendo un ambiente agradable, perfumado y bonito en nosotros, será inevitable... nuestro jardín se llenara de mariposas!
No corras atrás de las mariposas - dicen los sabios - cuida de tu jardín y ellas vendrán hasta ti.
Autor Desconocido.
Readaptado por Pável.
Más valdría dar atención y cuidado a nuestro jardín... transformando nuestro espacio, lo que es decir, nuestra vida.
Construyendo un ambiente agradable, perfumado y bonito en nosotros, será inevitable... nuestro jardín se llenara de mariposas!
No corras atrás de las mariposas - dicen los sabios - cuida de tu jardín y ellas vendrán hasta ti.
Autor Desconocido.
Readaptado por Pável.
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